Un estudio vincula el aditivo alimentario E-319 con una peor respuesta de las defensas contra la gripe

Científicos de la Universidad del Estado de Michigan han vinculado un aditivo alimentario común que se utiliza como conservante en aceites para cocinar, congelados y procesados, con una peor respuesta de nuestras defensas frente a la gripe , lo que posiblemente influya también en la eficacia de la vacuna . El estudio, realizado en ratones, se presentó en la reunión de Biología Experimental de 2019 en Orlando, Florida, el pasado 7 de abril y ofrece un nuevo factor potencial en la efectividad de la vacuna. La terbutilhidroquinona, o TBHQ, se puede encontrar bajo la nomenclatura E-319 en varios productos que incluyen aceites de cocina, congelados (especialmente pescado) y alimentos procesados como las patatas fritas y las galletas saladas. «Si recibe una vacuna, pero parte del sistema inmunológico no aprende a reconocer y combatir las células infectadas por el virus, esto puede hacer que sea menos efectiva», explica Robert Freeborn, estudiante de doctorado de cuarto año que lideró el estudio con Cheryl Rockwell, profesora asociada de farmacología y toxicología. «Determinamos que cuando se introdujo TBHQ a través de la dieta, afectó a ciertas células que son importantes para llevar a cabo una respuesta inmune adecuada a la gripe», concluye. Usando varias cepas de gripe, incluyendo H1N1 y H3N2, Freeborn y Rockwell se enfocaron en las células T (un tipo de glóbulo blanco) CD4 y CD8 e incorporaron TBHQ en el alimento de ratones en una cantidad comparable al consumo humano. «Las células T CD4 son como los directores de películas que le dicen a los demás qué hacer, mientras que las células T CD8 son los actores que hacen lo que el director quiere», explica Freeborn. Los investigadores analizaron varios factores de respuesta, incluyendo si las células T aparecían, eran capaces de hacer el trabajo correcto y, en última instancia, reconocer y recordar el virus invasor. «En general, vimos una cantidad reducida de células T CD8 en el pulmón y una reducción en la cantidad de células T CD4 y CD8 que pudieron identificar el virus de la gripe en los ratones que fueron expuestos a TBHQ», señala Freeborn. «Estos ratones también tenían inflamación generalizada y producción de moco en sus pulmones», apunta. Recuperación más larga TBHQ también ralentizó la activación inicial de las células T, reduciendo su capacidad para combatir una infección más rápido. Esto permitió que el virus se extendiera desenfrenadamente en los ratones hasta que las células se activaran por completo. Una segunda fase del estudio mostró que el aditivo obstaculizaba la capacidad del sistema inmunológico para recordar cómo responder al virus de la gripe, particularmente cuando se introdujo otra cepa en otro momento. Esto dio como resultado una recuperación más larga y una pérdida de peso adicional en los ratones. «Es importante para el cuerpo poder reconocer un virus y recordar cómo combatirlo de manera efectiva. Ese es el punto central de las vacunas, estimular esta memoria y producir inmunidad. TBHQ parece perjudicar este proceso», advierte Freeborn.
Compartir:  Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google+Compartir por correoCompartir en PinterestCompartir en Whatsapp
Científicos de la Universidad del Estado de Michigan han vinculado un aditivo alimentario común que se utiliza como conservante en aceites para cocinar, congelados y procesados, con una peor respuesta de nuestras defensas frente a la gripe , lo que posiblemente influya también en la eficacia de la vacuna . El estudio, realizado en ratones, se presentó en la reunión de Biología Experimental de 2019 en Orlando, Florida, el pasado 7 de abril y ofrece un nuevo factor potencial en la efectividad de la vacuna. La terbutilhidroquinona, o TBHQ, se puede encontrar bajo la nomenclatura E-319 en varios productos que incluyen aceites de cocina, congelados (especialmente pescado) y alimentos procesados como las patatas fritas y las galletas saladas. «Si recibe una vacuna, pero parte del sistema inmunológico no aprende a reconocer y combatir las células infectadas por el virus, esto puede hacer que sea menos efectiva», explica Robert Freeborn, estudiante de doctorado de cuarto año que lideró el estudio con Cheryl Rockwell, profesora asociada de farmacología y toxicología. «Determinamos que cuando se introdujo TBHQ a través de la dieta, afectó a ciertas células que son importantes para llevar a cabo una respuesta inmune adecuada a la gripe», concluye. Usando varias cepas de gripe, incluyendo H1N1 y H3N2, Freeborn y Rockwell se enfocaron en las células T (un tipo de glóbulo blanco) CD4 y CD8 e incorporaron TBHQ en el alimento de ratones en una cantidad comparable al consumo humano. «Las células T CD4 son como los directores de películas que le dicen a los demás qué hacer, mientras que las células T CD8 son los actores que hacen lo que el director quiere», explica Freeborn. Los investigadores analizaron varios factores de respuesta, incluyendo si las células T aparecían, eran capaces de hacer el trabajo correcto y, en última instancia, reconocer y recordar el virus invasor. «En general, vimos una cantidad reducida de células T CD8 en el pulmón y una reducción en la cantidad de células T CD4 y CD8 que pudieron identificar el virus de la gripe en los ratones que fueron expuestos a TBHQ», señala Freeborn. «Estos ratones también tenían inflamación generalizada y producción de moco en sus pulmones», apunta. Recuperación más larga TBHQ también ralentizó la activación inicial de las células T, reduciendo su capacidad para combatir una infección más rápido. Esto permitió que el virus se extendiera desenfrenadamente en los ratones hasta que las células se activaran por completo. Una segunda fase del estudio mostró que el aditivo obstaculizaba la capacidad del sistema inmunológico para recordar cómo responder al virus de la gripe, particularmente cuando se introdujo otra cepa en otro momento. Esto dio como resultado una recuperación más larga y una pérdida de peso adicional en los ratones. «Es importante para el cuerpo poder reconocer un virus y recordar cómo combatirlo de manera efectiva. Ese es el punto central de las vacunas, estimular esta memoria y producir inmunidad. TBHQ parece perjudicar este proceso», advierte Freeborn.