Manuel Anguita, presidente de los cardiólogos: «Se debería prohibir la venta de bollería en los colegios»

Manuel Anguita, médico jieenense afincado en Córdoba, preside la Sociedad Española de Cardiología cuando se cumplen 75 años de su fundación. - En estos 75 años, ¿cómo ha contribuido la sociedad al avance de la cardiología? -La cardiología es una de las especialidades médicas que más rápidamente ha avanzado en los últimos 20 ó 30 años, en el mundo y en España. La Sociedad Española de Cardiología ha contribuido muy poderosamente. El 99 por ciento de todos los cardiólogos son socios y la Sociedad Española de Cardiología tiene muchas actividades de formación continuada, de promoción de la investigación. Otorgamos al año casi un millón de euros en becas para formación e investigación, sobre todo de los jóvenes. Es el foro de debate de la cardiología en España. -Ahora las intervenciones son menos invasivas. ¿Es tan importante ese avance como parece desde fuera? -Para la mayor parte de los procedimientos de intervencion sobre las coronarias, en más del 90 por ciento de los casos no se necesita cirugía, se realizan mediante cateterismo, con el implante de los «stent», de los muelles. Las lesiones de las válvulas cardíacas, también se resuelven en muchas ocasiones mediante cateterismo. Hay todavía lesiones en que no es posible, pero cada vez menos. -De entre los problemas de corazón llama la atención la muerte súbita. ¿Cómo marcha la investigación? -Es un tema que impacta a la sociedad, porque afecta en muchas ocasiones a personas jóvenes, que no tienen lesión cardíaca conocida. Hay que distinguir dos tipos de pacientes. Por un lado, los mayores de 40 o 45 años, en que la muerte súbita suele ser debida a problemas de falta de riego coronario. Es como un infarto, y en los primeros minutos el paciente tiene una arritmia ventricular y el corazón se para. La forma de intentar reducir el riesgo es la prevención. Y eso es con el control de los factores de riesgo: vida sana, no fumar, hacer ejercicio, no engordar, controlar la tensión, el colesterol y la diabetes. -Y cuando sucede, ¿qué se puede hacer? -La Sociedad Española de Cardiología tiene un papel muy activo en que hay que tratarlo con un desfibrilador. Si pasa en la calle y no hay un desfibrilador semiautomático y personas que sepan manejarlo, el paciente tiene pocas posibilidades. Si los hay, se puede recuperar en un porcentaje no bajo de casos. Tenemos un programa que se llama «Ariadna» que tiene localizados los desfibriladores y una red de voluntarios conectados por una aplicación, de forma que se puede dar una alarma cuando se presencia una muerte súbita, para que acudan el voluntario, la Policía o los Bomberos. -Cada vez hay más desfibriladores, sobre todo en lugares con alta concentración de personas, pero, ¿son suficientes? -Está creciendo mucho y gracias, entre otros, a las propuestas de la Sociedad Española de Cardiología. Hay zonas que sí están absolutamente cardioprotegidas, pero todavía hay que aumentarlas. Es caro, y hay distintas posibilidades, pero debería ser obligatorio en grandes superficies, como en centros comerciales, estadios de fútbol o los centros de las ciudades. Nosotros hemos propuesto que los coches de la Policía o los autobuses, y el personal que los conduce, puedan llevar desfibriladores, y eso sí que garantiza que todas las áreas de la ciudad estén cubiertas. Eso en España no está en ningún sitio, todavía estamos muy por debajo de Francia, Japón y los países nórdicos, pero está mejorando. -Después de tantas campañas, ¿se cuida mejor el corazón que antes? -La impresión que tenemos es que la gente sigue sin cuidarse. La obesidad infantil, y la obesidad en general, aumenta de forma escandalosa. Hay una diferencia cada vez más acusada entre dos segmentos de la población: hay una parte que sí se cuida, que hace ejercicio, y normalmente son los que pertenecen a una clases sociocultural más alta. Y los de un nivel más bajo se cuidan menos. Donde habría que empezar a actuar es en los niños. Los hábitos que se adquieren en la infancia, tanto nocivos como sanos, son los que se van a mantener. Intentamos por todos los medios difundir las recomendaciones, pero muchos temas de nutrición exigen medidas políticas. -¿Qué medidas? -Habría que intentar limitar o prohibir estos alimentos que tienen un alto contenido en grasas trans, como la bollería industrial. Puedes prohibir, como ya se hace en algunos colegios, ciertos alimentos, aunque algunos niños los llevan de casa. En lo que dependa de los comedores escolares y de máquinas expendedoras, creo que se debería legislar para prohibir vender esos alimentos. Para el resto, sí habría que intentar difundir las ventajas de una alimentación más saludable, y que los niños, en vez de llevar un bollo, llevaran una pieza de fruta. Hay que ser valientes. Dejando a la iniciativa personal seguir o no estas recomendaciones, como se vio con el caso del tabaco, no se consigue mucho.
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Manuel Anguita, médico jieenense afincado en Córdoba, preside la Sociedad Española de Cardiología cuando se cumplen 75 años de su fundación. - En estos 75 años, ¿cómo ha contribuido la sociedad al avance de la cardiología? -La cardiología es una de las especialidades médicas que más rápidamente ha avanzado en los últimos 20 ó 30 años, en el mundo y en España. La Sociedad Española de Cardiología ha contribuido muy poderosamente. El 99 por ciento de todos los cardiólogos son socios y la Sociedad Española de Cardiología tiene muchas actividades de formación continuada, de promoción de la investigación. Otorgamos al año casi un millón de euros en becas para formación e investigación, sobre todo de los jóvenes. Es el foro de debate de la cardiología en España. -Ahora las intervenciones son menos invasivas. ¿Es tan importante ese avance como parece desde fuera? -Para la mayor parte de los procedimientos de intervencion sobre las coronarias, en más del 90 por ciento de los casos no se necesita cirugía, se realizan mediante cateterismo, con el implante de los «stent», de los muelles. Las lesiones de las válvulas cardíacas, también se resuelven en muchas ocasiones mediante cateterismo. Hay todavía lesiones en que no es posible, pero cada vez menos. -De entre los problemas de corazón llama la atención la muerte súbita. ¿Cómo marcha la investigación? -Es un tema que impacta a la sociedad, porque afecta en muchas ocasiones a personas jóvenes, que no tienen lesión cardíaca conocida. Hay que distinguir dos tipos de pacientes. Por un lado, los mayores de 40 o 45 años, en que la muerte súbita suele ser debida a problemas de falta de riego coronario. Es como un infarto, y en los primeros minutos el paciente tiene una arritmia ventricular y el corazón se para. La forma de intentar reducir el riesgo es la prevención. Y eso es con el control de los factores de riesgo: vida sana, no fumar, hacer ejercicio, no engordar, controlar la tensión, el colesterol y la diabetes. -Y cuando sucede, ¿qué se puede hacer? -La Sociedad Española de Cardiología tiene un papel muy activo en que hay que tratarlo con un desfibrilador. Si pasa en la calle y no hay un desfibrilador semiautomático y personas que sepan manejarlo, el paciente tiene pocas posibilidades. Si los hay, se puede recuperar en un porcentaje no bajo de casos. Tenemos un programa que se llama «Ariadna» que tiene localizados los desfibriladores y una red de voluntarios conectados por una aplicación, de forma que se puede dar una alarma cuando se presencia una muerte súbita, para que acudan el voluntario, la Policía o los Bomberos. -Cada vez hay más desfibriladores, sobre todo en lugares con alta concentración de personas, pero, ¿son suficientes? -Está creciendo mucho y gracias, entre otros, a las propuestas de la Sociedad Española de Cardiología. Hay zonas que sí están absolutamente cardioprotegidas, pero todavía hay que aumentarlas. Es caro, y hay distintas posibilidades, pero debería ser obligatorio en grandes superficies, como en centros comerciales, estadios de fútbol o los centros de las ciudades. Nosotros hemos propuesto que los coches de la Policía o los autobuses, y el personal que los conduce, puedan llevar desfibriladores, y eso sí que garantiza que todas las áreas de la ciudad estén cubiertas. Eso en España no está en ningún sitio, todavía estamos muy por debajo de Francia, Japón y los países nórdicos, pero está mejorando. -Después de tantas campañas, ¿se cuida mejor el corazón que antes? -La impresión que tenemos es que la gente sigue sin cuidarse. La obesidad infantil, y la obesidad en general, aumenta de forma escandalosa. Hay una diferencia cada vez más acusada entre dos segmentos de la población: hay una parte que sí se cuida, que hace ejercicio, y normalmente son los que pertenecen a una clases sociocultural más alta. Y los de un nivel más bajo se cuidan menos. Donde habría que empezar a actuar es en los niños. Los hábitos que se adquieren en la infancia, tanto nocivos como sanos, son los que se van a mantener. Intentamos por todos los medios difundir las recomendaciones, pero muchos temas de nutrición exigen medidas políticas. -¿Qué medidas? -Habría que intentar limitar o prohibir estos alimentos que tienen un alto contenido en grasas trans, como la bollería industrial. Puedes prohibir, como ya se hace en algunos colegios, ciertos alimentos, aunque algunos niños los llevan de casa. En lo que dependa de los comedores escolares y de máquinas expendedoras, creo que se debería legislar para prohibir vender esos alimentos. Para el resto, sí habría que intentar difundir las ventajas de una alimentación más saludable, y que los niños, en vez de llevar un bollo, llevaran una pieza de fruta. Hay que ser valientes. Dejando a la iniciativa personal seguir o no estas recomendaciones, como se vio con el caso del tabaco, no se consigue mucho.
 
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