Las neuronas que evitarán que no paremos de comer

Comer, además de ser un acto placentero en muchas ocasiones, es necesario para nuestra supervivencia. Por ese motivo, todos los animales han desarrollado sistemas fisiológicos que impulsan a comer. Ahora, una investigación en ratones revela la existencia de células cerebrales que tienen justo el efecto contrario; es decir, frenan el impulso de comer de un animal. Publicado en «Neuron» , el estudio muestra que estas células también desempeñan un papel en la regulación de la memoria, y son parte de un circuito cerebral más grande que promueve una alimentación equilibrada. «Nuestro estudio muestra que las áreas del cerebro involucradas en el procesamiento cognitivo y la formación de la memoria afectan el comportamiento de alimentación», afirma Estefania Azevedo, de la Universidad Rockfeller (EE.UU.). Por lo tanto, afirma la experta, «es posible que las personas puedan aprender a cambiar su relación con la comida». No hay que olvidar que la obesidad es uno de los mayores problemas de salud del siglo XXI en todo el mundo. Históricamente, los investigadores han pensado en la alimentación como un proceso visceral e instintivo: percibimos o vemos un bocadillo atractivo y, sin dudarlo, queremos comérnoslo. Sin embargo, ahora cada vez hay más información detallada de que los procesos mentales informan sobre la decisión de los animales de consumir o rechazar una comida. Es posible que las personas puedan aprender a cambiar su relación con la comida El equipo de Azevedo ya había identificado recientemente un grupo de células del hipocampo, conocidas como neuronas hD2R, que se activan cada vez que se alimenta a un ratón. Los investigadores también encontraron que cuando estas neuronas eran estimuladas, los ratones comían menos y, cuando fueron silenciadas, comieron más. Es decir, las neuronas hD2R responden a la presencia de alimentos al disuadir a los animales de comerlos. Al interpretar estos hallazgos, Azevedo cree que, aunque los animales generalmente se benefician al comer, en algunos casos es útil ejercer la moderación. Por ejemplo, si un animal ha comido recientemente, buscar otro alimento es innecesario y arriesgado, ya que se expone a los depredadores. Las neuronas recién descubiertas, al parecer, ayudan a los animales a dejar de alimentarse cuando ya no les corresponde. «Estas células evitan que el animal se coma en exceso -señala Azevedo-. Parece que hacen que comer sea menos gratificante y, en ese sentido, están ajustando la relación del animal con la comida». En la naturaleza, no puedes comer a menos que sepas dónde encontrar comida. Afortunadamente, los cerebros son muy buenos para recordar la ubicación de las comidas pasadas: cuando un animal encuentra sustento en un lugar particular, establece una conexión mental entre el lugar y la comida. Para probar cómo las células hD2R podrían afectar estas conexiones, estimularon las neuronas mientras los ratones deambulaban por un entorno lleno de comida. Encontraron que esta intervención hizo que los ratones tuvieran menos probabilidades de regresar al área en la que se encontraba la comida previamente, lo que sugiere que la activación de hDR2 de alguna manera disminuye los recuerdos relacionados con la comida. Las neuronas recién descubiertas, al parecer, ayudan a los animales a dejar de alimentarse cuando ya no les corresponde «Las conexiones mentales entre la comida y la ubicación son importantes para la supervivencia, y la fuerza de estas conexiones está regulada por lo gratificante que es una experiencia -señala la investigadora- Debido a que las neuronas hD2R afectan la relación de un animal con la comida, también termina afectando estas conexiones». Otros experimentos demostraron que las neuronas hD2R reciben información de la corteza entorrinal, que procesa la información sensorial, y envían la salida al tabique, que participa en la alimentación. Como los primeros en identificar este circuito cerebral, los investigadores concluyen que las neuronas sirven como un punto de control regulatorio entre la detección de alimentos y el consumo de alimentos. Junto con los análisis de otros circuitos neuronales, esta investigación sugiere que el cerebro tiene mecanismos elaborados para afinar el apetito: mientras algunos sistemas ayudan a un animal a recordar y encontrar comida, otros restringen la ingesta de alimentos.
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Comer, además de ser un acto placentero en muchas ocasiones, es necesario para nuestra supervivencia. Por ese motivo, todos los animales han desarrollado sistemas fisiológicos que impulsan a comer. Ahora, una investigación en ratones revela la existencia de células cerebrales que tienen justo el efecto contrario; es decir, frenan el impulso de comer de un animal. Publicado en «Neuron» , el estudio muestra que estas células también desempeñan un papel en la regulación de la memoria, y son parte de un circuito cerebral más grande que promueve una alimentación equilibrada. «Nuestro estudio muestra que las áreas del cerebro involucradas en el procesamiento cognitivo y la formación de la memoria afectan el comportamiento de alimentación», afirma Estefania Azevedo, de la Universidad Rockfeller (EE.UU.). Por lo tanto, afirma la experta, «es posible que las personas puedan aprender a cambiar su relación con la comida». No hay que olvidar que la obesidad es uno de los mayores problemas de salud del siglo XXI en todo el mundo. Históricamente, los investigadores han pensado en la alimentación como un proceso visceral e instintivo: percibimos o vemos un bocadillo atractivo y, sin dudarlo, queremos comérnoslo. Sin embargo, ahora cada vez hay más información detallada de que los procesos mentales informan sobre la decisión de los animales de consumir o rechazar una comida. Es posible que las personas puedan aprender a cambiar su relación con la comida El equipo de Azevedo ya había identificado recientemente un grupo de células del hipocampo, conocidas como neuronas hD2R, que se activan cada vez que se alimenta a un ratón. Los investigadores también encontraron que cuando estas neuronas eran estimuladas, los ratones comían menos y, cuando fueron silenciadas, comieron más. Es decir, las neuronas hD2R responden a la presencia de alimentos al disuadir a los animales de comerlos. Al interpretar estos hallazgos, Azevedo cree que, aunque los animales generalmente se benefician al comer, en algunos casos es útil ejercer la moderación. Por ejemplo, si un animal ha comido recientemente, buscar otro alimento es innecesario y arriesgado, ya que se expone a los depredadores. Las neuronas recién descubiertas, al parecer, ayudan a los animales a dejar de alimentarse cuando ya no les corresponde. «Estas células evitan que el animal se coma en exceso -señala Azevedo-. Parece que hacen que comer sea menos gratificante y, en ese sentido, están ajustando la relación del animal con la comida». En la naturaleza, no puedes comer a menos que sepas dónde encontrar comida. Afortunadamente, los cerebros son muy buenos para recordar la ubicación de las comidas pasadas: cuando un animal encuentra sustento en un lugar particular, establece una conexión mental entre el lugar y la comida. Para probar cómo las células hD2R podrían afectar estas conexiones, estimularon las neuronas mientras los ratones deambulaban por un entorno lleno de comida. Encontraron que esta intervención hizo que los ratones tuvieran menos probabilidades de regresar al área en la que se encontraba la comida previamente, lo que sugiere que la activación de hDR2 de alguna manera disminuye los recuerdos relacionados con la comida. Las neuronas recién descubiertas, al parecer, ayudan a los animales a dejar de alimentarse cuando ya no les corresponde «Las conexiones mentales entre la comida y la ubicación son importantes para la supervivencia, y la fuerza de estas conexiones está regulada por lo gratificante que es una experiencia -señala la investigadora- Debido a que las neuronas hD2R afectan la relación de un animal con la comida, también termina afectando estas conexiones». Otros experimentos demostraron que las neuronas hD2R reciben información de la corteza entorrinal, que procesa la información sensorial, y envían la salida al tabique, que participa en la alimentación. Como los primeros en identificar este circuito cerebral, los investigadores concluyen que las neuronas sirven como un punto de control regulatorio entre la detección de alimentos y el consumo de alimentos. Junto con los análisis de otros circuitos neuronales, esta investigación sugiere que el cerebro tiene mecanismos elaborados para afinar el apetito: mientras algunos sistemas ayudan a un animal a recordar y encontrar comida, otros restringen la ingesta de alimentos.
 
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