La debilidad del melanoma que le hace más vulnerable

Las células tumorales que causan un melanoma son capaces de luchar contra los fármacos antitumorales al cambiar su esqueleto interno (citoesqueleto). Este sistema de defensa, que acaba de ser descubierto, sin embargo, puede servir para abrir una nueva ruta terapéutica para combatir este y otros tipos de cáncer que desarrollan resistencias a los tratamientos. El equipo, dirigido por la investigadora española de la Universidad Queen Mary de Londres (Reino Unido),Victoria Sanz-Moreno, descubrió que las células de melanoma dejan de responder tanto a las inmunoterapias como a los medicamentos dirigidos a los genes defectuosos del tumor (mutaciones B-RAF o N-Ras en la vía MAPK) al incrementar la actividad de dos proteínas del citoesqueleto: ROCK y Miosina II. Los investigadores descubrieron que estas dos moléculas son clave para la supervivencia de las células cancerosas y la resistencia a los tratamientos. Hasta ahora, ROCK y Miosina II se habían relacionado con el proceso de metástasis, pero no con el fracaso de las terapias actuales contra el melanoma. Hasta ahora, ROCK y Miosina II se habían relacionado con el proceso de metástasis, pero no con el fracaso de las terapias actuales contra el melanoma. Este trabajo apunta a que hay una estrecha conexión entre la metástasis y la resistencia a la terapia, lo que confirma que el citoesqueleto es importante para determinar qué tan agresivo es un cáncer. Los hallazgos se publican en la revista «Cancer Cell». El melanoma maligno tiene tasas de supervivencia muy bajas a pesar de estar a la vanguardia de la inmunoterapia personalizada. Esto se debe en gran medida al desarrollo de resistencias al tratamiento. En España se diagnostican anualmente 4.000 nuevos casos de melanoma (el tipo de cáncer de piel menos frecuente, pero más agresivo) y más de 74.000 casos de cáncer cutáneo no melanoma. Las pruebas en ratones sugieren que los tumores resistentes a la terapia (o que no responden) dependen de ROCK-Myosin II para crecer. El equipo descubrió que bloquear la vía ROCK-Myosin II no solo reduce el crecimiento de las células cancerosas, sino que también ataca las células inmunes defectuosas (macrófagos y células T reguladoras) que no logran matar el tumor. Esta acción aumenta la inmunidad antitumoral. Las células cancerosas usaban el mismo mecanismo, cambiando su citoesqueleto, para escapar de dos tipos muy diferentes de medicamentos La autora principal, Victoria Sanz-Moreno, señala: «Nos sorprendió mucho descubrir que las células cancerosas usaban el mismo mecanismo, cambiando su citoesqueleto, para escapar de dos tipos muy diferentes de medicamentos. Es decir, si usted es una célula cancerosa, lo que no lo mata lo hace más fuerte. Sin embargo, su dependencia de ROCK-Myosin II es una vulnerabilidad que las pruebas de combinación de terapia con medicamentos en ratones sugieren que podemos explotar en la clínica combinando las terapias existentes contra el melanoma con inhibidores de ROCK-Myosin I». La española cree que la investigación puede tener implicaciones para los cánceres con genes defectuosos similares. El primer autor, también español, José L. Orgaz, investigador del Instituto de Cáncer Queen Mary's Barts, apunta: «Una observación importante fue encontrar un aumento en los niveles de actividad de miosina II en melanomas humanos resistentes, lo que sugiere el potencial como un marcador biológico del fracaso de la terapia. Los melanomas resistentes también habían aumentado número de células inmunes defectuosas (macrófagos y células T reguladoras),que también podrían contribuir a la falta de respuesta».
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Las células tumorales que causan un melanoma son capaces de luchar contra los fármacos antitumorales al cambiar su esqueleto interno (citoesqueleto). Este sistema de defensa, que acaba de ser descubierto, sin embargo, puede servir para abrir una nueva ruta terapéutica para combatir este y otros tipos de cáncer que desarrollan resistencias a los tratamientos. El equipo, dirigido por la investigadora española de la Universidad Queen Mary de Londres (Reino Unido),Victoria Sanz-Moreno, descubrió que las células de melanoma dejan de responder tanto a las inmunoterapias como a los medicamentos dirigidos a los genes defectuosos del tumor (mutaciones B-RAF o N-Ras en la vía MAPK) al incrementar la actividad de dos proteínas del citoesqueleto: ROCK y Miosina II. Los investigadores descubrieron que estas dos moléculas son clave para la supervivencia de las células cancerosas y la resistencia a los tratamientos. Hasta ahora, ROCK y Miosina II se habían relacionado con el proceso de metástasis, pero no con el fracaso de las terapias actuales contra el melanoma. Hasta ahora, ROCK y Miosina II se habían relacionado con el proceso de metástasis, pero no con el fracaso de las terapias actuales contra el melanoma. Este trabajo apunta a que hay una estrecha conexión entre la metástasis y la resistencia a la terapia, lo que confirma que el citoesqueleto es importante para determinar qué tan agresivo es un cáncer. Los hallazgos se publican en la revista «Cancer Cell». El melanoma maligno tiene tasas de supervivencia muy bajas a pesar de estar a la vanguardia de la inmunoterapia personalizada. Esto se debe en gran medida al desarrollo de resistencias al tratamiento. En España se diagnostican anualmente 4.000 nuevos casos de melanoma (el tipo de cáncer de piel menos frecuente, pero más agresivo) y más de 74.000 casos de cáncer cutáneo no melanoma. Las pruebas en ratones sugieren que los tumores resistentes a la terapia (o que no responden) dependen de ROCK-Myosin II para crecer. El equipo descubrió que bloquear la vía ROCK-Myosin II no solo reduce el crecimiento de las células cancerosas, sino que también ataca las células inmunes defectuosas (macrófagos y células T reguladoras) que no logran matar el tumor. Esta acción aumenta la inmunidad antitumoral. Las células cancerosas usaban el mismo mecanismo, cambiando su citoesqueleto, para escapar de dos tipos muy diferentes de medicamentos La autora principal, Victoria Sanz-Moreno, señala: «Nos sorprendió mucho descubrir que las células cancerosas usaban el mismo mecanismo, cambiando su citoesqueleto, para escapar de dos tipos muy diferentes de medicamentos. Es decir, si usted es una célula cancerosa, lo que no lo mata lo hace más fuerte. Sin embargo, su dependencia de ROCK-Myosin II es una vulnerabilidad que las pruebas de combinación de terapia con medicamentos en ratones sugieren que podemos explotar en la clínica combinando las terapias existentes contra el melanoma con inhibidores de ROCK-Myosin I». La española cree que la investigación puede tener implicaciones para los cánceres con genes defectuosos similares. El primer autor, también español, José L. Orgaz, investigador del Instituto de Cáncer Queen Mary's Barts, apunta: «Una observación importante fue encontrar un aumento en los niveles de actividad de miosina II en melanomas humanos resistentes, lo que sugiere el potencial como un marcador biológico del fracaso de la terapia. Los melanomas resistentes también habían aumentado número de células inmunes defectuosas (macrófagos y células T reguladoras),que también podrían contribuir a la falta de respuesta».