El cirujano que extirpó la enfermedad de Südeck

Camelia está en la mesa de operaciones. El cirujano Francisco del Piñal le pide que pruebe a doblar los dedos de su mano izquierda. Ella obedece y confirma cómo su mano le responde de nuevo. «¿Por qué se pone a llorar?», pregunta el doctor. «Porque estoy muy feliz», responde Camelia. No es para menos. Desde hace más de ocho meses, soportaba un dolor y una inflamación tan intensa en su mano y hombro izquierdo que le impedía dormir, trabajar o incluso vestirse por sí misma. Y todo por una patología que afecta a las extremidades, conocida como enfermedad de Südeck. En teoría, un «mal» prácticamente incurable donde el dolor se cronifica. En teoría. El doctor Piñal extirpó su dolor en apenas media hora de operación quirúrgica. Es más, no solo niega su cronicidad , sino la propia existencia de la enfermedad. «Esta patología-según afirma el doctor- no existe como tal. Es un “cajón de sastre” donde hemos estado metiendo multitud de enfermedades, que algunas tienen tratamiento y otras hay que saber identificar». Las fracturas intervenidas de forma inadecuada en el área de la muñeca son el origen de muchos de los diagnósticos de Südeck. Concretamente, Camelia padecía una neuroestenalgia del nervio mediano, es decir, un nervio de su mano izquierda estaba dañado. «Una compresión que no se detecta con las pruebas electrofisiológicas habituales y afecta a 2 de cada 10 pacientes diagnosticados con este síndrome». El problema de Camelia -que cada año se diagnostica a cerca de 15.000 personas-comenzó a finales de abril de 2017. «Me desperté por la mañana con las manos muy hinchadas y con dolor, sentía un gran hormigueo en ellas». En año y medio recibió varias infiltraciones para rebajar el dolor e inflamación, especialmente severo en su zurda. No fue suficiente. El 4 de abril de 2018 tuvo que ser operada. Sin embargo, no resolvió el problema. «Desde el principio vi que no había funcionado bien, tenía los dedos hinchados, pero no notaba mejoría. El dolor seguía, el hormigueo continuaba y seguía hinchada». La fisioterapia o a la toma de dosis cada vez mayores de fármacos no servían de nada. «Todos los pacientes -explica el doctor Piñal, jefe del Servicio de Cirugía de Mano y Muñeca del Hospital La Luz- toman medicinas para quitarles o rebajar el dolor. Muchos desarrollan adicción a esos fármacos, entre los que se encuentran antiepilépticos o antipsicóticos. Con estas medicaciones apagas las llamas, pero no extingues el fuego original». El «fuego» de Camelia le impedía llevar una vida normal. A sus 46 años había tenido que abandonar su trabajo como cocinera y permanecer siempre en casa. Su patología le causaba un sin fin de problemas, como a la hora de descansar. «He tenido alrededor mío -indica Camelia- siete cojines para encontrar una posición donde pudiera dormir. En una noche apenas dormía dos horas». Y no solo eso. «No tenía ganas de levantarme, tenía miedo de salir fuera para que no me rozase nadie. Ni yo misma podía tocarme». Lloró al escuchar que su problema se resolvería mediante una intervención. «Casi siempre estaba llorando. No solo por la invalidez, que creía que sería temporal. En cambio, pasaba el tiempo y cada vez estaba peor. Era dependiente en todo, no podía ducharme o calzarme por mí misma». La cirugía fue un éxito. Todo el dolor y prácticamente la mitad de su hinchazón se quedó en la mesa de operaciones. «La primera noche tras la intervención dormí seis horas seguidas». Aún está en proceso de recuperación. «Cada día noto que estoy mejorando. Solo me falta fuerza en la mano y la recuperación va a ser total. El doctor Piñal me ha arreglado la vida». Francisco Piñal es el primer cirujano en poner en duda la existencia de la enfermedad de Südeck. «Llevo -asevera el cirujano- por lo menos veinte años pensado que esta enfermedad no existe y viendo pacientes». El doctor, considerado uno de los mejores expertos en microcirugía de mano y muñeca, va a presentar un estudio ante la Sociedad Americana de la Mano, en el que reúne 100 casos que muestran cómo, asignando correctamente a cada paciente en su patología y tratándola apropiadamente, se consigue la curación de esta enfermedad.
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Camelia está en la mesa de operaciones. El cirujano Francisco del Piñal le pide que pruebe a doblar los dedos de su mano izquierda. Ella obedece y confirma cómo su mano le responde de nuevo. «¿Por qué se pone a llorar?», pregunta el doctor. «Porque estoy muy feliz», responde Camelia. No es para menos. Desde hace más de ocho meses, soportaba un dolor y una inflamación tan intensa en su mano y hombro izquierdo que le impedía dormir, trabajar o incluso vestirse por sí misma. Y todo por una patología que afecta a las extremidades, conocida como enfermedad de Südeck. En teoría, un «mal» prácticamente incurable donde el dolor se cronifica. En teoría. El doctor Piñal extirpó su dolor en apenas media hora de operación quirúrgica. Es más, no solo niega su cronicidad , sino la propia existencia de la enfermedad. «Esta patología-según afirma el doctor- no existe como tal. Es un “cajón de sastre” donde hemos estado metiendo multitud de enfermedades, que algunas tienen tratamiento y otras hay que saber identificar». Las fracturas intervenidas de forma inadecuada en el área de la muñeca son el origen de muchos de los diagnósticos de Südeck. Concretamente, Camelia padecía una neuroestenalgia del nervio mediano, es decir, un nervio de su mano izquierda estaba dañado. «Una compresión que no se detecta con las pruebas electrofisiológicas habituales y afecta a 2 de cada 10 pacientes diagnosticados con este síndrome». El problema de Camelia -que cada año se diagnostica a cerca de 15.000 personas-comenzó a finales de abril de 2017. «Me desperté por la mañana con las manos muy hinchadas y con dolor, sentía un gran hormigueo en ellas». En año y medio recibió varias infiltraciones para rebajar el dolor e inflamación, especialmente severo en su zurda. No fue suficiente. El 4 de abril de 2018 tuvo que ser operada. Sin embargo, no resolvió el problema. «Desde el principio vi que no había funcionado bien, tenía los dedos hinchados, pero no notaba mejoría. El dolor seguía, el hormigueo continuaba y seguía hinchada». La fisioterapia o a la toma de dosis cada vez mayores de fármacos no servían de nada. «Todos los pacientes -explica el doctor Piñal, jefe del Servicio de Cirugía de Mano y Muñeca del Hospital La Luz- toman medicinas para quitarles o rebajar el dolor. Muchos desarrollan adicción a esos fármacos, entre los que se encuentran antiepilépticos o antipsicóticos. Con estas medicaciones apagas las llamas, pero no extingues el fuego original». El «fuego» de Camelia le impedía llevar una vida normal. A sus 46 años había tenido que abandonar su trabajo como cocinera y permanecer siempre en casa. Su patología le causaba un sin fin de problemas, como a la hora de descansar. «He tenido alrededor mío -indica Camelia- siete cojines para encontrar una posición donde pudiera dormir. En una noche apenas dormía dos horas». Y no solo eso. «No tenía ganas de levantarme, tenía miedo de salir fuera para que no me rozase nadie. Ni yo misma podía tocarme». Lloró al escuchar que su problema se resolvería mediante una intervención. «Casi siempre estaba llorando. No solo por la invalidez, que creía que sería temporal. En cambio, pasaba el tiempo y cada vez estaba peor. Era dependiente en todo, no podía ducharme o calzarme por mí misma». La cirugía fue un éxito. Todo el dolor y prácticamente la mitad de su hinchazón se quedó en la mesa de operaciones. «La primera noche tras la intervención dormí seis horas seguidas». Aún está en proceso de recuperación. «Cada día noto que estoy mejorando. Solo me falta fuerza en la mano y la recuperación va a ser total. El doctor Piñal me ha arreglado la vida». Francisco Piñal es el primer cirujano en poner en duda la existencia de la enfermedad de Südeck. «Llevo -asevera el cirujano- por lo menos veinte años pensado que esta enfermedad no existe y viendo pacientes». El doctor, considerado uno de los mejores expertos en microcirugía de mano y muñeca, va a presentar un estudio ante la Sociedad Americana de la Mano, en el que reúne 100 casos que muestran cómo, asignando correctamente a cada paciente en su patología y tratándola apropiadamente, se consigue la curación de esta enfermedad.
 
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