¿Cuánto brócoli tengo que comer para prevenir el cáncer?

Pruebe a hacer una búsqueda en Google. Basta con teclear brócoli para encontrar infinidad de informaciones que proclaman la capacidad anticancerígena de esta verdura con forma de arbolito. Desde hace años se intuía que esta verdura y otras pertenecientes a la misma familia de plantas como la coliflor, el kale o las coles de Bruselas tenían cierta capacidad para prevenir algunos de los tipos más comunes de cáncer. Pero era solo una sospecha, casi una intuición, aunque haya ocupado más de un titular en la prensa. Ahora un estudio publicado en la revista «Science» confirma esta capacidad preventiva y explica, al mismo tiempo, el secreto de las verduras crucíferas. La clave está en un compuesto natural que inactiva un gen clave, un actor principal en varios tipos de cáncer, concluyen los autores de este estudio del Instituto de Investigación del Cáncer en el Centro Médico Beth Israel Deaconess (EE.UU.) La mala noticia es que sería necesario comer 2,7 kilos al día de estas verduras para lograr un beneficio protector frente al cáncer. Y, además, sin apenas cocinar para evitar la pérdida de propiedades, según esta investigación. El trabajo, sin embargo, abre una poderosa línea de investigación porque desvela una nueva debilidad del cáncer hacia la que dirigir nuevas terapias. La idea no es convencernos de que debemos multiplicar el consumo de brócoli sino desarrollar nuevos tratamientos preventivos a partir del nuevo conocimiento. Ya sea con edición genética o con fármacos que nos ayuden a alejar el cáncer. Aunque, de momento, es solo una teoría demostrada en el laboratorio. Allí, los investigadores, dirigidos por Pier Paolo Pandolfi, han puesto a punto una terapia que se dirige al gen WWP1 que inactiva el ingrediente presente en el brócoli. Y han demostrado que es capaz de inhibir el crecimiento del cáncer en animales de laboratorio propensos a esta enfermedad. «Esta vía no solo se muestra como una manera para lograr un control del crecimiento del tumor, sino que también es un nuevo talón de Aquiles del cáncer al que podemos dirigirnos con futuras opciones terapéuticas», explica Pandolfi. Con cautela En el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) se aplaude el descubrimiento, aunque se reclama cautela aún. «El estudio es muy bueno, pero sus conclusiones aún no se pueden trasladar a la población general», advierte Nuria Malats, jefa del grupo de Epidemiología Genética y Molecular del CNIO. Insiste en que las recomendaciones internacionales solo aconsejan consumir 30 gramos diarios de este tipo de verduras al día. En el experimento estadounidense probaron dosis extraordinarias para del compuesto natural del brócoli para tuviera efecto preventivo. «Pero no sabemos si una dosis tan elevada podría ser perjudicial; ya hay estudios que indican que un exceso de antioxidantes pueden ser cancerígenos», recuerda Malats, quien no ve aún muy claro el desarrollo de un concentrado con todo el poder del brócoli en una pastilla. Además, recuerda que en la prevención oncológica no solo la dieta cuenta. «No fumar, hacer ejercicio o no beber alcohol... son factores preventivos bien establecidos», recuerda. En su opinión, la mayor aportación de la investigación estadounidense es el hallazgo de la nueva ruta genética del cáncer que desvela este trabajo. Para descubrirla, los científicos del Centro Médico Beth Israel Deaconess pusieron el foco en el gen PTEN, conocido por su capacidad para suprimir tumores. Este gen «bueno» suele estar mutado, eliminado o silenciado en muchos tipos de cáncer. Las células tumorales intentan burlarlo con niveles más bajos de PTEN, lo que ha hecho pensar a muchos investigadores que si se restaura la actividad de este gen a niveles normales se podría detener el cáncer. Pandolfi y sus colegas identificaron las moléculas y los compuestos que regulan la función y la activación de este gen realizando una serie de experimentos en ratones y células humanas propensas al cáncer. El equipo descubrió cómo el gen promotor del cáncer -el WWP1-también es capaz de anular a los genes «buenos» que suprimen tumores. De alguna manera, se comporta como la piedra kriptonita, capaz de anular todos los poderes de Supermán. Como la kriptonita Entonces, ¿cómo desactivar la kriptonita de PTEN? La respuesta vuelve a estar en el brócoli y en el secreto mejor guardado de esta verdura. Además de su potente olor y sabor tienen en común una molécula pequeña llamada indol-3-carbinol (I3C),que podría ser el ingrediente clave para sofocar los efectos de los genes que promueven el desarrollo de tumores. Cuando Pandolfi y sus colegas probaron esta idea administrando I3C a animales de laboratorio propensos al cáncer, descubrieron que el ingrediente natural del brócoli inactivaba los promotores de la enfermedad oncológica. Pero eso no quiere decir que ingentes cantidades de brócoli nos vayan a proteger del cáncer. Es por eso que el equipo de Pandolfi está buscando otras formas de aprovechar este nuevo conocimiento. El equipo planea seguir estudiando la función de WWP1, uno de los genes promotores del cáncer, con el objetivo final de desarrollar inhibidores más potentes.
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Pruebe a hacer una búsqueda en Google. Basta con teclear brócoli para encontrar infinidad de informaciones que proclaman la capacidad anticancerígena de esta verdura con forma de arbolito. Desde hace años se intuía que esta verdura y otras pertenecientes a la misma familia de plantas como la coliflor, el kale o las coles de Bruselas tenían cierta capacidad para prevenir algunos de los tipos más comunes de cáncer. Pero era solo una sospecha, casi una intuición, aunque haya ocupado más de un titular en la prensa. Ahora un estudio publicado en la revista «Science» confirma esta capacidad preventiva y explica, al mismo tiempo, el secreto de las verduras crucíferas. La clave está en un compuesto natural que inactiva un gen clave, un actor principal en varios tipos de cáncer, concluyen los autores de este estudio del Instituto de Investigación del Cáncer en el Centro Médico Beth Israel Deaconess (EE.UU.) La mala noticia es que sería necesario comer 2,7 kilos al día de estas verduras para lograr un beneficio protector frente al cáncer. Y, además, sin apenas cocinar para evitar la pérdida de propiedades, según esta investigación. El trabajo, sin embargo, abre una poderosa línea de investigación porque desvela una nueva debilidad del cáncer hacia la que dirigir nuevas terapias. La idea no es convencernos de que debemos multiplicar el consumo de brócoli sino desarrollar nuevos tratamientos preventivos a partir del nuevo conocimiento. Ya sea con edición genética o con fármacos que nos ayuden a alejar el cáncer. Aunque, de momento, es solo una teoría demostrada en el laboratorio. Allí, los investigadores, dirigidos por Pier Paolo Pandolfi, han puesto a punto una terapia que se dirige al gen WWP1 que inactiva el ingrediente presente en el brócoli. Y han demostrado que es capaz de inhibir el crecimiento del cáncer en animales de laboratorio propensos a esta enfermedad. «Esta vía no solo se muestra como una manera para lograr un control del crecimiento del tumor, sino que también es un nuevo talón de Aquiles del cáncer al que podemos dirigirnos con futuras opciones terapéuticas», explica Pandolfi. Con cautela En el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) se aplaude el descubrimiento, aunque se reclama cautela aún. «El estudio es muy bueno, pero sus conclusiones aún no se pueden trasladar a la población general», advierte Nuria Malats, jefa del grupo de Epidemiología Genética y Molecular del CNIO. Insiste en que las recomendaciones internacionales solo aconsejan consumir 30 gramos diarios de este tipo de verduras al día. En el experimento estadounidense probaron dosis extraordinarias para del compuesto natural del brócoli para tuviera efecto preventivo. «Pero no sabemos si una dosis tan elevada podría ser perjudicial; ya hay estudios que indican que un exceso de antioxidantes pueden ser cancerígenos», recuerda Malats, quien no ve aún muy claro el desarrollo de un concentrado con todo el poder del brócoli en una pastilla. Además, recuerda que en la prevención oncológica no solo la dieta cuenta. «No fumar, hacer ejercicio o no beber alcohol... son factores preventivos bien establecidos», recuerda. En su opinión, la mayor aportación de la investigación estadounidense es el hallazgo de la nueva ruta genética del cáncer que desvela este trabajo. Para descubrirla, los científicos del Centro Médico Beth Israel Deaconess pusieron el foco en el gen PTEN, conocido por su capacidad para suprimir tumores. Este gen «bueno» suele estar mutado, eliminado o silenciado en muchos tipos de cáncer. Las células tumorales intentan burlarlo con niveles más bajos de PTEN, lo que ha hecho pensar a muchos investigadores que si se restaura la actividad de este gen a niveles normales se podría detener el cáncer. Pandolfi y sus colegas identificaron las moléculas y los compuestos que regulan la función y la activación de este gen realizando una serie de experimentos en ratones y células humanas propensas al cáncer. El equipo descubrió cómo el gen promotor del cáncer -el WWP1-también es capaz de anular a los genes «buenos» que suprimen tumores. De alguna manera, se comporta como la piedra kriptonita, capaz de anular todos los poderes de Supermán. Como la kriptonita Entonces, ¿cómo desactivar la kriptonita de PTEN? La respuesta vuelve a estar en el brócoli y en el secreto mejor guardado de esta verdura. Además de su potente olor y sabor tienen en común una molécula pequeña llamada indol-3-carbinol (I3C),que podría ser el ingrediente clave para sofocar los efectos de los genes que promueven el desarrollo de tumores. Cuando Pandolfi y sus colegas probaron esta idea administrando I3C a animales de laboratorio propensos al cáncer, descubrieron que el ingrediente natural del brócoli inactivaba los promotores de la enfermedad oncológica. Pero eso no quiere decir que ingentes cantidades de brócoli nos vayan a proteger del cáncer. Es por eso que el equipo de Pandolfi está buscando otras formas de aprovechar este nuevo conocimiento. El equipo planea seguir estudiando la función de WWP1, uno de los genes promotores del cáncer, con el objetivo final de desarrollar inhibidores más potentes.