¿Cuánta carne podemos comer a la semana?

Los grandes partidos alemanes han acordado elevar el IVA de los productos cárnicos del actual 7%, que corresponde a productos de primera necesidad, hasta el 19%, para desincentivar su consumo y conseguir una reducción del 34% de emisiones en el sector agrario hasta 2030. En este caso la medida tiene un marcado acento ecologista, pero nos hemos planteado si, desde el punto de vista nutricional, también es una medida positiva. Para ello, preguntamos a la doctora Marta Cuervo, profesora del Departamento de Ciencias de la Alimentación y Fisiología de la Universidad de Navarra, si en España comemos demasiada carne y cuál sería el consumo saludable. -¿Comemos demasiada carne en España? -En general, sí. Las personas que abusan de la carne superan con creces a las que comen poca o nada. La dieta mediterránea incluye carnes, pero hace énfasis en que sean magras. -¿Qué aporta la carne a la dieta? Fundamentalmente proteínas de alta calidad nutricional. Aporta todos los aminoácidos esenciales que necesitamos para la formación de nuevos tejidos, vitamina B12, zinc y hierro. Este último nutriente se encuenta especialmente en las carnes rojas. Una alimentación vegana tiene que estar suplementada con vitamina B12 y, aunque puede alcanzar los mismos niveles de aminoácidos, se necesitan combinaciones de alimentos más cuidadosas. -¿Qué carnes son más recomendables? -Hay que priorizar las magras (pollo, pavo, conejo) y los cortes magros de ternera y cerdo, preferentemente ibérico. De todo los perfiles de grasa animal, el de mayor calidad nutricional es el del cerdo ibérico, aunque tampoco eso nos permite abusar de su consumo. -¿En qué cantidades deberíamos comerlas? Las cantidades varían entre 100 y 150 gramos por ración, dependiendo de la persona y su peso. La ingesta recomendada para las carnes más grasas es de una vez a la semana; y las magras, cuatro veces. En el caso de las procesadas (aquellas que han sido transformadas a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación) la recomendación es limitar su consumo, preferiblemente a una vez a la semana en cantidades más pequeñas.
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Los grandes partidos alemanes han acordado elevar el IVA de los productos cárnicos del actual 7%, que corresponde a productos de primera necesidad, hasta el 19%, para desincentivar su consumo y conseguir una reducción del 34% de emisiones en el sector agrario hasta 2030. En este caso la medida tiene un marcado acento ecologista, pero nos hemos planteado si, desde el punto de vista nutricional, también es una medida positiva. Para ello, preguntamos a la doctora Marta Cuervo, profesora del Departamento de Ciencias de la Alimentación y Fisiología de la Universidad de Navarra, si en España comemos demasiada carne y cuál sería el consumo saludable. -¿Comemos demasiada carne en España? -En general, sí. Las personas que abusan de la carne superan con creces a las que comen poca o nada. La dieta mediterránea incluye carnes, pero hace énfasis en que sean magras. -¿Qué aporta la carne a la dieta? Fundamentalmente proteínas de alta calidad nutricional. Aporta todos los aminoácidos esenciales que necesitamos para la formación de nuevos tejidos, vitamina B12, zinc y hierro. Este último nutriente se encuenta especialmente en las carnes rojas. Una alimentación vegana tiene que estar suplementada con vitamina B12 y, aunque puede alcanzar los mismos niveles de aminoácidos, se necesitan combinaciones de alimentos más cuidadosas. -¿Qué carnes son más recomendables? -Hay que priorizar las magras (pollo, pavo, conejo) y los cortes magros de ternera y cerdo, preferentemente ibérico. De todo los perfiles de grasa animal, el de mayor calidad nutricional es el del cerdo ibérico, aunque tampoco eso nos permite abusar de su consumo. -¿En qué cantidades deberíamos comerlas? Las cantidades varían entre 100 y 150 gramos por ración, dependiendo de la persona y su peso. La ingesta recomendada para las carnes más grasas es de una vez a la semana; y las magras, cuatro veces. En el caso de las procesadas (aquellas que han sido transformadas a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación) la recomendación es limitar su consumo, preferiblemente a una vez a la semana en cantidades más pequeñas.