Coronavirus: El día que Isidre pudo pasear junto al mar desde su camilla de la UCI

Después de estar un mes y medio en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital del Mar de Barcelona, rodeado de respiradores artificiales, bombas de infusión y monitores, Isidre Correa, paciente con Covid-19, de 61 años, pudo el 29 de mayo saborear al fin un sorbo de vida. Tras percibir mejoras en su estado de salud y tras dar negativo en la prueba PCR, el equipo de Intensivos del centro barcelonés, ubicado frente a una de las playas más concurridas de la capital catalana, propuso a Isidre, dentro del programa de humanización de las UCIs que aplica desde hace dos años, salir a tomar el aire fresco frente al mar. Su imagen, postrado en una cama de hospital y conectado al soporte de oxígeno, asomándose a la playa del Somorrostro no tardó en circular en redes y se convirtió en viral. Medios internacionales como The Guardian o la BBC no pudieron resistirse a recoger la instantánea de su cama medicalizada abrazada por la brisa del mar, un mensaje de esperanza en tiempos de angustia, temor e incertidumbre. En esa primera salida le acompañó su hijo, además de parte del equipo de Intensivos del centro, que fueron testigos emocionados del efecto de ese primer contacto de Isidre con una, aún impostada, normalidad. La experiencia valió la pena a juzgar por su expresión de desbordante felicidad, explica Desireé Ruiz, responsable de la unidad de enfermería de la UCI del Hospital del Mar, que le acompañó. «Para ellos es como un soplo de vida, romper con la rutina del hospital. Ven la luz al final del túnel», afirma Ruiz. No fue su única salida. El 3 de junio Isidre repitió y, finalmente, el pasado 2 de julio abandonó el centro entre aplausos de los profesionales. Estos paseos terapéuticos frente al mar son solo una parte del programa de humanización de las UCIs que el centro inició hace dos años y que con la irrupción de la pandemia quedó paralizado. Superada la punta pandémica, se reactivó. Los pacientes candidatos a estas salidas, de unos 20 minutos, son «los de larga estancia en la UCI, que están estables y emocionalmente se indica que sería beneficioso para ellos», apunta Ruiz. Además de estas salidas, el plan incorpora otros aspectos como la ampliación de los horarios de visitas de familiares y la «humanización» de la infraestructura con la instalación de música ambiental en algunas zonas y el aumento de los espacios con luz natural. El hospital ha iniciado un estudio dirigido a demostrar el efecto positivo del programa. «Sintió por primera vez que se recuperaba» «Su expresión fue de absoluta felicidad. Llevaba 50 días en la UCI y estaba frente al mar. La familia, los sanitarios que le acompañaban y la gente que se le acercaba le hicieron sentir, por primera vez, que se estaba recuperando». Así resume Helena Soriano, esposa de Isidre Correa, enfermo de Covid-19, qué sintió su marido cuando plantaron su camilla frente al Mediterráneo después de casi dos meses en estado crítico. Era también la primera vez que veía a sus hijos desde el 9 de abril, día que ingresó, y su primer contacto con la vida exterior. «Sonreía todo el rato: antes de salir del hospital, durante el trayecto, en el paseo marítimo y cuando estaba allá percibiendo una libertad que podía volver a recuperar», añade la mujer destacando lo positivo de la experiencia en momentos tan amargos que a ella y a sus hijos les ha tocado vivir. «Lo pasamos muy mal, especialmente cuando tenía recaídas», subraya Helena, que agradece profundamente al equipo la asistencia que prestaron a su esposo y la «inyección vital» que le dieron estos paseos junto al mar.
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Después de estar un mes y medio en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital del Mar de Barcelona, rodeado de respiradores artificiales, bombas de infusión y monitores, Isidre Correa, paciente con Covid-19, de 61 años, pudo el 29 de mayo saborear al fin un sorbo de vida. Tras percibir mejoras en su estado de salud y tras dar negativo en la prueba PCR, el equipo de Intensivos del centro barcelonés, ubicado frente a una de las playas más concurridas de la capital catalana, propuso a Isidre, dentro del programa de humanización de las UCIs que aplica desde hace dos años, salir a tomar el aire fresco frente al mar. Su imagen, postrado en una cama de hospital y conectado al soporte de oxígeno, asomándose a la playa del Somorrostro no tardó en circular en redes y se convirtió en viral. Medios internacionales como The Guardian o la BBC no pudieron resistirse a recoger la instantánea de su cama medicalizada abrazada por la brisa del mar, un mensaje de esperanza en tiempos de angustia, temor e incertidumbre. En esa primera salida le acompañó su hijo, además de parte del equipo de Intensivos del centro, que fueron testigos emocionados del efecto de ese primer contacto de Isidre con una, aún impostada, normalidad. La experiencia valió la pena a juzgar por su expresión de desbordante felicidad, explica Desireé Ruiz, responsable de la unidad de enfermería de la UCI del Hospital del Mar, que le acompañó. «Para ellos es como un soplo de vida, romper con la rutina del hospital. Ven la luz al final del túnel», afirma Ruiz. No fue su única salida. El 3 de junio Isidre repitió y, finalmente, el pasado 2 de julio abandonó el centro entre aplausos de los profesionales. Estos paseos terapéuticos frente al mar son solo una parte del programa de humanización de las UCIs que el centro inició hace dos años y que con la irrupción de la pandemia quedó paralizado. Superada la punta pandémica, se reactivó. Los pacientes candidatos a estas salidas, de unos 20 minutos, son «los de larga estancia en la UCI, que están estables y emocionalmente se indica que sería beneficioso para ellos», apunta Ruiz. Además de estas salidas, el plan incorpora otros aspectos como la ampliación de los horarios de visitas de familiares y la «humanización» de la infraestructura con la instalación de música ambiental en algunas zonas y el aumento de los espacios con luz natural. El hospital ha iniciado un estudio dirigido a demostrar el efecto positivo del programa. «Sintió por primera vez que se recuperaba» «Su expresión fue de absoluta felicidad. Llevaba 50 días en la UCI y estaba frente al mar. La familia, los sanitarios que le acompañaban y la gente que se le acercaba le hicieron sentir, por primera vez, que se estaba recuperando». Así resume Helena Soriano, esposa de Isidre Correa, enfermo de Covid-19, qué sintió su marido cuando plantaron su camilla frente al Mediterráneo después de casi dos meses en estado crítico. Era también la primera vez que veía a sus hijos desde el 9 de abril, día que ingresó, y su primer contacto con la vida exterior. «Sonreía todo el rato: antes de salir del hospital, durante el trayecto, en el paseo marítimo y cuando estaba allá percibiendo una libertad que podía volver a recuperar», añade la mujer destacando lo positivo de la experiencia en momentos tan amargos que a ella y a sus hijos les ha tocado vivir. «Lo pasamos muy mal, especialmente cuando tenía recaídas», subraya Helena, que agradece profundamente al equipo la asistencia que prestaron a su esposo y la «inyección vital» que le dieron estos paseos junto al mar.