Armando Bastida, enfermero de pediatría: «A un bebé no hay que darle galletas ni yogur azucarado»

Armando Bastida es padre de tres hijos y enfermero de pediatría en un centro de salud de la provincia de Barcelona. Cuenta con más de 150.000 seguidores en las redes sociales. Por si eso fuera poco, ha publicado su segundo libro, «Sana Sanita», un divertido retrato gráfico sobre el día a día de su profesión, la labor como padre y los malabares para conciliar trabajo y familia. Una novela no autobiográfica, pero sí «basada en hechos reales», con la que más de un progenitor se va a sentir identificado. -La figura del enfermero de pediatría no existe en todos los centros de salud de España. En algunos hay profesionales que atienden a pequeños y mayores, ¿es necesaria la especialización? -Un adulto es un adulto y un niño no es un adulto pequeñito. En Cataluña, cada pediatra tiene su enfermero dedicado exclusivamente a niños y así debería ser en todos los sitios. Tenemos que saber lo que decimos a los padres y madres y ser referente de salud, estar lo más actualizados posibles porque la pediatría cambia constantemente. Si tengo que saber de mayores y de niños, me va a costar más. Si un profesional no está actualizado genera desconfianza en los padres. -Es que ahora los padres están muy informados... -El problema es cuando esa información es contradictoria. Recuerdo a una pareja que se me puso a llorar en consulta porque habían escuchado mil recomendaciones distintas de un mismo tema. Me decían: «¿Entonces qué hacemos?». Y yo les digo: «Si tienes dudas, haz caso a tu bebé». No vienen con manual de instrucciones, pero, si llora, es que vas mal y tienes que modificar lo que estás haciendo. -Precisamente en su libro aparece esa diferencia de opiniones entre las recomendaciones de alimentación de un pediatra algo anticuado y el enfermero que está muy actualizado. -Debería ser obligatorio hacer cursos de actualización. Es importante que pediatra y enfermero estén a la par en recomendaciones, pero los padres tienen que entender que en muchas cosas de los bebés no hay ciencia, sino que hay que intentar traducir lo que el bebé quiere decir. -Y luego están las abuelas, que también opinan y no entienden por qué lo que antes se hacía así ahora es distinto... -A las abuelas las entiendo. Lo pasan mal cuando ven que hacen con sus nietos lo contrario de lo que hicieron ellas con sus hijos porque se sienten indirectamente juzgadas. Ellas lo hicieron lo mejor que pudieron, pero hay que dejarles claro que este es tu bebé y que ahora te toca a ti intentarlo. -En su libro trata el tema de la alimentación infantil desde dos puntos de vista contrapuestos: los padres que regañan a la abuela por dar natillas a la nieta y la madre que no ve que su hijo tiene un problema de obesidad porque come fatal. -Hay de todo. Los primeros meses a todos los padres les preocupa muchísimo, pero con el tiempo se van relajando. A un bebé no hay que darle galletas ni yogur azucarado y es una barbaridad que un niño tome refrescos. El azúcar es cariogénico y obesogénico. Y si le acostumbras al dulce luego no va a querer las espinacas. Una vez al año no hace daño, pero yo siempre pongo el estándar lo más alto posible porque sé que se lo van a saltar. -Recientemente, en Twitter, hubo polémica por las papillas comerciales ¿Son necesarias en la alimentación de un bebé? -No. Es lo menos necesario de todo. Le puedes dar maíz, tapioca, pasta, arroz, pan. Si quieres darle los cereales en papilla, busca una opción sin azúcares añadidos. El gofio canario, que son cereales en polvo, es muy buena opción. -Pero algunos profesionales sanitarios siguen recomendando a los padres dar la papilla de cereales por la noche para que el bebé duerma mejor. ¿Esta estrategia realmente funciona? -No. Si funcionase, no habría libros de cómo dormir al bebé. Los cereales no son muy nutritivos y además suponen muchas calorías. Se van a la cama con la cena de Navidad y algunos incluso duermen peor. -En su libro se refleja claramente cómo el pediatra da muestras y aconseja el biberón a los padres recientes a cambio de favores de una empresa de alimentación infantil. ¿Esto sigue pasando? -Sigue pasando. Las marcas se cuelan en los centros de salud con pósters, calendarios, invitaciones a cursos y congresos... No deberíamos aceptar regalos para poder ser totalmente objetivos a la hora de dirigirnos a madres y padres. Recomendar a una mamá una marca de leche concreta es poco ético porque nos estamos casando con esa marca y no tiene por qué ser la mejor. -La OMS recomienda seis meses de lactancia materna exclusiva. Qué nota en consulta, ¿más teta o biberón? -Cada vez hay más lactancia materna, pero falta bastante. Aunque las mujeres quieren hacerlo, no hay mucha cultura de amamantamiento. El permiso a las 16 semanas se acaba y la familia suele apretar para que se pase al biberón. Solo llega un 40% a los seis meses de lactancia materna exclusiva. -Hace también un retrato muy mordaz de los niños de hoy en día, a los que los padres siguen tratando como bebés aunque ya tengan 4 años. Pero esos mismo padres les dejan la tablet enseguida, que es un dispositivo para adultos, para que estén entretenidos. ¿Qué está pasando? -Supongo que es comodidad. Queremos que el niño duerma en la cuna para que sea independiente pero luego los vestimos y les damos de desayunar porque así vamos más rápido. No tiene sentido. -El tema de las vacunas está empezando a ser preocupante en los países desarrollados. Algunas enfermedades, como el sarampión, vuelven por falta de inmunización. ¿Ve muchos casos de padres antivacunas en consulta? -La vacunación es libre, pero nuestra obligación es informar. Me he encontrado muy pocos casos. Y normalmente cuando les das datos objetivos, recapacitan. -En su caso, ¿en casa del herrero cuchillo de palo? ¿Hay algo que recomiende a los padres en consulta y que le cueste aplicar con sus hijos? -Sí, claro. Pero no lo voy a decir (risas). De todas maneras intento hacerlo siempre mejor, que creo que es lo importante.
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Armando Bastida es padre de tres hijos y enfermero de pediatría en un centro de salud de la provincia de Barcelona. Cuenta con más de 150.000 seguidores en las redes sociales. Por si eso fuera poco, ha publicado su segundo libro, «Sana Sanita», un divertido retrato gráfico sobre el día a día de su profesión, la labor como padre y los malabares para conciliar trabajo y familia. Una novela no autobiográfica, pero sí «basada en hechos reales», con la que más de un progenitor se va a sentir identificado. -La figura del enfermero de pediatría no existe en todos los centros de salud de España. En algunos hay profesionales que atienden a pequeños y mayores, ¿es necesaria la especialización? -Un adulto es un adulto y un niño no es un adulto pequeñito. En Cataluña, cada pediatra tiene su enfermero dedicado exclusivamente a niños y así debería ser en todos los sitios. Tenemos que saber lo que decimos a los padres y madres y ser referente de salud, estar lo más actualizados posibles porque la pediatría cambia constantemente. Si tengo que saber de mayores y de niños, me va a costar más. Si un profesional no está actualizado genera desconfianza en los padres. -Es que ahora los padres están muy informados... -El problema es cuando esa información es contradictoria. Recuerdo a una pareja que se me puso a llorar en consulta porque habían escuchado mil recomendaciones distintas de un mismo tema. Me decían: «¿Entonces qué hacemos?». Y yo les digo: «Si tienes dudas, haz caso a tu bebé». No vienen con manual de instrucciones, pero, si llora, es que vas mal y tienes que modificar lo que estás haciendo. -Precisamente en su libro aparece esa diferencia de opiniones entre las recomendaciones de alimentación de un pediatra algo anticuado y el enfermero que está muy actualizado. -Debería ser obligatorio hacer cursos de actualización. Es importante que pediatra y enfermero estén a la par en recomendaciones, pero los padres tienen que entender que en muchas cosas de los bebés no hay ciencia, sino que hay que intentar traducir lo que el bebé quiere decir. -Y luego están las abuelas, que también opinan y no entienden por qué lo que antes se hacía así ahora es distinto... -A las abuelas las entiendo. Lo pasan mal cuando ven que hacen con sus nietos lo contrario de lo que hicieron ellas con sus hijos porque se sienten indirectamente juzgadas. Ellas lo hicieron lo mejor que pudieron, pero hay que dejarles claro que este es tu bebé y que ahora te toca a ti intentarlo. -En su libro trata el tema de la alimentación infantil desde dos puntos de vista contrapuestos: los padres que regañan a la abuela por dar natillas a la nieta y la madre que no ve que su hijo tiene un problema de obesidad porque come fatal. -Hay de todo. Los primeros meses a todos los padres les preocupa muchísimo, pero con el tiempo se van relajando. A un bebé no hay que darle galletas ni yogur azucarado y es una barbaridad que un niño tome refrescos. El azúcar es cariogénico y obesogénico. Y si le acostumbras al dulce luego no va a querer las espinacas. Una vez al año no hace daño, pero yo siempre pongo el estándar lo más alto posible porque sé que se lo van a saltar. -Recientemente, en Twitter, hubo polémica por las papillas comerciales ¿Son necesarias en la alimentación de un bebé? -No. Es lo menos necesario de todo. Le puedes dar maíz, tapioca, pasta, arroz, pan. Si quieres darle los cereales en papilla, busca una opción sin azúcares añadidos. El gofio canario, que son cereales en polvo, es muy buena opción. -Pero algunos profesionales sanitarios siguen recomendando a los padres dar la papilla de cereales por la noche para que el bebé duerma mejor. ¿Esta estrategia realmente funciona? -No. Si funcionase, no habría libros de cómo dormir al bebé. Los cereales no son muy nutritivos y además suponen muchas calorías. Se van a la cama con la cena de Navidad y algunos incluso duermen peor. -En su libro se refleja claramente cómo el pediatra da muestras y aconseja el biberón a los padres recientes a cambio de favores de una empresa de alimentación infantil. ¿Esto sigue pasando? -Sigue pasando. Las marcas se cuelan en los centros de salud con pósters, calendarios, invitaciones a cursos y congresos... No deberíamos aceptar regalos para poder ser totalmente objetivos a la hora de dirigirnos a madres y padres. Recomendar a una mamá una marca de leche concreta es poco ético porque nos estamos casando con esa marca y no tiene por qué ser la mejor. -La OMS recomienda seis meses de lactancia materna exclusiva. Qué nota en consulta, ¿más teta o biberón? -Cada vez hay más lactancia materna, pero falta bastante. Aunque las mujeres quieren hacerlo, no hay mucha cultura de amamantamiento. El permiso a las 16 semanas se acaba y la familia suele apretar para que se pase al biberón. Solo llega un 40% a los seis meses de lactancia materna exclusiva. -Hace también un retrato muy mordaz de los niños de hoy en día, a los que los padres siguen tratando como bebés aunque ya tengan 4 años. Pero esos mismo padres les dejan la tablet enseguida, que es un dispositivo para adultos, para que estén entretenidos. ¿Qué está pasando? -Supongo que es comodidad. Queremos que el niño duerma en la cuna para que sea independiente pero luego los vestimos y les damos de desayunar porque así vamos más rápido. No tiene sentido. -El tema de las vacunas está empezando a ser preocupante en los países desarrollados. Algunas enfermedades, como el sarampión, vuelven por falta de inmunización. ¿Ve muchos casos de padres antivacunas en consulta? -La vacunación es libre, pero nuestra obligación es informar. Me he encontrado muy pocos casos. Y normalmente cuando les das datos objetivos, recapacitan. -En su caso, ¿en casa del herrero cuchillo de palo? ¿Hay algo que recomiende a los padres en consulta y que le cueste aplicar con sus hijos? -Sí, claro. Pero no lo voy a decir (risas). De todas maneras intento hacerlo siempre mejor, que creo que es lo importante.
 
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