Al rescate del médico personal

Con el paso de los años, los pacientes han vivido como espectadores de muchos cambios en los modelos de medicina. Desde una medicina paternalista a una cada vez más tecnificada, con mayores medios técnicos, pero con un precio a pagar: la pérdida del médico de cabecera. Así ha ocurrido en la sanidad privada que ha optado por facilitar el acceso libre al especialista. Pero, a cambio, ha perdido armas terapéuticas tan valiosas como el ejercicio del diálogo y la empatía. Para algunas compañías de seguros y especialistas, la solución es recuperar a este profesional médico, según se puso de manifiesto en el encuentro celebrado en ABC, en colaboración con el Grupo PSN (Previsión Sanitaria Nacional). «El médico de cabecera -como afirma el doctor Esteban Imaz- no solo debe ser el coordinador con otros especialistas. Se preocupa de los hábitos de salud y vida del paciente (más del 90% de los procesos que una persona padece los resuelve el médico de cabecera). Es una figura aglutinadora de su salud, de su entorno y familia». ¿Por qué se ha perdido esta figura? Para el presidente de PSN, Miguel Carrero, la razón ha sido primar el rendimiento económico sobre el social. De forma que la sanidad privada ofrece una atención cada vez menos personal. «Las compañías de seguros-afirma Miguel Carrero- compiten con pólizas a bajo precio y para llegar a eso distancian las consultas». Quitar la angustia Mientras que los sentimientos de incertidumbre y angustia de los pacientes no dejan de aumentar. «El médico de cabecera es quien puede darles un buen consejo o quitarles la angustia de algo banal hasta que lleguen al especialista». La médico y secretaria general de la Fundación López-Ibor, Cristina López-Ibor, hace hincapié en quitarles esa incertidumbre «mediante pruebas y una buena historia clínica para que no acudan al «doctor google». El paciente lo va a percibir como una accesibilidad mucho mayor y más fácil». Recuperar la empatía Poner toda la atención en el especialista a veces dificulta un buen diagnóstico, según apunta el expresidente del Colegio de Médicos de Cádiz, Miguel Morgado. «No es raro, el caso de un paciente que termina aburrido tras acudir a múltiples especialistas. El paciente va a necesitar asistencia, prevención y medicina social. De forma que el médico de cabecera debe ser el que dirige la sanidad del paciente». El objetivo es recuperar la empatía de unos profesionales sanitarios que, como apunta la doctora Cristina López-Ibor, «deben orquestar los tres componentes del paciente: salud física, psicológica y social, que es lo que solicita en su consulta diaria». Para lograr esto, el médico de cabecera debe mantener una accesibilidad permanente, pero racionalizada, con sus pacientes. «Hay que darle la mano y preguntarle como está para generar empatía», apunta el doctor Esteban Imaz. ¿Y cómo escoger correctamente a este profesional sanitario? A través de una evaluación previa y un plan personal, según indica el presidente de PSN, Miguel Carrero. «Cualquier profesional puede ejercer el papel de médico de cabecera. Debe tener una formación general, como un internista o un pediatra». Su labor necesita también de tiempo. «Una persona enferma no se expresa igual que cuando está sana. Hace falta tiempo con el paciente para que relate bien su enfermedad. Es conveniente que el médico personal le acompañe a lo largo de todo su ciclo vital». «Hay que empoderar al paciente y darle las herramientas para que sea responsable de su salud con planes personalizados». Encauzador de la información Este médico personal también debe encargarse de implicar al paciente en su proceso de salud. ¿Cómo lograrlo? Para el presidente de PSN, Miguel Carrero, esto se consigue premiándolo o motivándolo. «Uno de los problemas mayores para avanzar en la salud es la mala educación sanitaria del público en general. El médico de cabecera debe ser el encauzador en la formación en salud. Debe tener la confianza y sensibilidad necesaria con el paciente para administrarle la información. Por ejemplo, cuándo y de qué forma dar la noticia de que padece un cáncer». En relación a esto, la doctora Cristina López-Ibor hace énfasis en la importancia de hacerle partícipe en su proceso de salud. «Hay que empoderar al paciente y darle las herramientas para que sea responsable de su salud con planes personalizados. Su éxito depende de que pacte con el médico una serie de metas con las que se va a implicar», explica. Los cuidados paliativos son otro ámbito donde destaca el papel del médico personal. Su función es fundamental, según apunta Miguel Carrero, «frente a las normas generales que no contemplan la individualidad y están reñidas con la voluntad de los familiares y pacientes». La fase final de la vida es muy desconocida para el público. «Todos los médicos entendemos que acompañar al paciente y a la familia en esa fase es muy importante. Aplicar una sedación o no es una decisión que no es de un momento para otro. Un paciente no debe sufrir y para que no sufra, existen muchos tratamientos farmacológicos para aliviar el dolor, el sufrimiento. Hay infinidad de motivos por los que puede sufrir más allá del dolor, como no dormir o por un problema personal. Eso no significa que se deba tomar una decisión donde no hay vuelta atrás», aclara la especialista.
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Con el paso de los años, los pacientes han vivido como espectadores de muchos cambios en los modelos de medicina. Desde una medicina paternalista a una cada vez más tecnificada, con mayores medios técnicos, pero con un precio a pagar: la pérdida del médico de cabecera. Así ha ocurrido en la sanidad privada que ha optado por facilitar el acceso libre al especialista. Pero, a cambio, ha perdido armas terapéuticas tan valiosas como el ejercicio del diálogo y la empatía. Para algunas compañías de seguros y especialistas, la solución es recuperar a este profesional médico, según se puso de manifiesto en el encuentro celebrado en ABC, en colaboración con el Grupo PSN (Previsión Sanitaria Nacional). «El médico de cabecera -como afirma el doctor Esteban Imaz- no solo debe ser el coordinador con otros especialistas. Se preocupa de los hábitos de salud y vida del paciente (más del 90% de los procesos que una persona padece los resuelve el médico de cabecera). Es una figura aglutinadora de su salud, de su entorno y familia». ¿Por qué se ha perdido esta figura? Para el presidente de PSN, Miguel Carrero, la razón ha sido primar el rendimiento económico sobre el social. De forma que la sanidad privada ofrece una atención cada vez menos personal. «Las compañías de seguros-afirma Miguel Carrero- compiten con pólizas a bajo precio y para llegar a eso distancian las consultas». Quitar la angustia Mientras que los sentimientos de incertidumbre y angustia de los pacientes no dejan de aumentar. «El médico de cabecera es quien puede darles un buen consejo o quitarles la angustia de algo banal hasta que lleguen al especialista». La médico y secretaria general de la Fundación López-Ibor, Cristina López-Ibor, hace hincapié en quitarles esa incertidumbre «mediante pruebas y una buena historia clínica para que no acudan al «doctor google». El paciente lo va a percibir como una accesibilidad mucho mayor y más fácil». Recuperar la empatía Poner toda la atención en el especialista a veces dificulta un buen diagnóstico, según apunta el expresidente del Colegio de Médicos de Cádiz, Miguel Morgado. «No es raro, el caso de un paciente que termina aburrido tras acudir a múltiples especialistas. El paciente va a necesitar asistencia, prevención y medicina social. De forma que el médico de cabecera debe ser el que dirige la sanidad del paciente». El objetivo es recuperar la empatía de unos profesionales sanitarios que, como apunta la doctora Cristina López-Ibor, «deben orquestar los tres componentes del paciente: salud física, psicológica y social, que es lo que solicita en su consulta diaria». Para lograr esto, el médico de cabecera debe mantener una accesibilidad permanente, pero racionalizada, con sus pacientes. «Hay que darle la mano y preguntarle como está para generar empatía», apunta el doctor Esteban Imaz. ¿Y cómo escoger correctamente a este profesional sanitario? A través de una evaluación previa y un plan personal, según indica el presidente de PSN, Miguel Carrero. «Cualquier profesional puede ejercer el papel de médico de cabecera. Debe tener una formación general, como un internista o un pediatra». Su labor necesita también de tiempo. «Una persona enferma no se expresa igual que cuando está sana. Hace falta tiempo con el paciente para que relate bien su enfermedad. Es conveniente que el médico personal le acompañe a lo largo de todo su ciclo vital». «Hay que empoderar al paciente y darle las herramientas para que sea responsable de su salud con planes personalizados». Encauzador de la información Este médico personal también debe encargarse de implicar al paciente en su proceso de salud. ¿Cómo lograrlo? Para el presidente de PSN, Miguel Carrero, esto se consigue premiándolo o motivándolo. «Uno de los problemas mayores para avanzar en la salud es la mala educación sanitaria del público en general. El médico de cabecera debe ser el encauzador en la formación en salud. Debe tener la confianza y sensibilidad necesaria con el paciente para administrarle la información. Por ejemplo, cuándo y de qué forma dar la noticia de que padece un cáncer». En relación a esto, la doctora Cristina López-Ibor hace énfasis en la importancia de hacerle partícipe en su proceso de salud. «Hay que empoderar al paciente y darle las herramientas para que sea responsable de su salud con planes personalizados. Su éxito depende de que pacte con el médico una serie de metas con las que se va a implicar», explica. Los cuidados paliativos son otro ámbito donde destaca el papel del médico personal. Su función es fundamental, según apunta Miguel Carrero, «frente a las normas generales que no contemplan la individualidad y están reñidas con la voluntad de los familiares y pacientes». La fase final de la vida es muy desconocida para el público. «Todos los médicos entendemos que acompañar al paciente y a la familia en esa fase es muy importante. Aplicar una sedación o no es una decisión que no es de un momento para otro. Un paciente no debe sufrir y para que no sufra, existen muchos tratamientos farmacológicos para aliviar el dolor, el sufrimiento. Hay infinidad de motivos por los que puede sufrir más allá del dolor, como no dormir o por un problema personal. Eso no significa que se deba tomar una decisión donde no hay vuelta atrás», aclara la especialista.
 
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