Sangre ‘joven’ podría mejorar la autonomía de los pacientes con alzhéimer

En el año 2014, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU.) publicaron un estudio que mostró que las transfusiones de sangre procedente de ratones jóvenes podían rejuvenecer el tejido cerebral y las funciones cognitivas de ratones añosos. Un ‘efecto vampírico’ que sugiere que, cuando menos parcialmente, el deterioro provocado por el envejecimiento en el cerebro podría ser reversible. Tal es así que cada vez son más numerosos los científicos que plantean la posibilidad de que las trasfusiones de plasma –esto es, el líquido de la sangre una vez desprovisto de los glóbulos rojos y blancos– de individuos jóvenes podrían tener la clave para curar la enfermedad de Alzheimer. Pero lo primero que hay que saber es: ¿estas transfusiones son seguras? Pues según un nuevo estudio llevado a cabo por un segundo grupo de investigadores de la misma Facultad, sí. Pero aún hay más. Parece que además de seguro, el procedimiento podría ser también eficaz. Y es que los pacientes que recibieron el plasma ‘joven’ experimentaron una mejora de algunas de sus capacidades funcionales. Como explica Sharon Sha, directora de esta investigación presentada en el marco de la X Conferencia Anual sobre Ensayos Clínicos en la Enfermedad de Alzheimer (CTAD) celebrada este fin de semana en Boston (EE.UU.),«de forma sorprendente, los resultados muestran indicios de mejora de la capacidad funcional en los pacientes receptores de las transfusiones de sangre. Es el caso de la capacidad para realizar tareas básicas esenciales para disfrutar de una vida diaria independiente, como recordar la toma de medicamentos, pagar las facturas y preparar sus propias comidas». Mejora de la autonomía Para llevar a cabo el estudio, bautizado con el nombre de ‘PLASMA’ –siglas en lengua inglesa de ‘Plasma para el Alivio de los Síntomas del Alzheimer’–, los autores contaron con la participación de 18 pacientes con alzhéimer leve-moderado a los que se les administró plasma obtenido de donantes con edades entre los 18 y 30 años o una solución salina –el consabido ‘placebo’. Concretamente, el estudio contempló dos fases: una primera en la que la mitad de participantes recibió transfusiones de plasma joven durante cuatro semanas y la otra mitad fue tratada con placebo. Y una segunda fase en la que, transcurrido mes y medio desde el final de la primera –un periodo de ‘aclaramiento’ para disipar los efectos del tratamiento–, se cambiaron las tornas. Los que recibieron el plasma ahora fueron tratados con placebo, y viceversa. Los resultados muestran indicios de mejora en la capacidad funcional de los pacientes receptores de las transfusiones de plasma Todos los participantes completaron distintos cuestionarios para evaluar su estado de ánimo y sus capacidades funcionales y cognitivas. Sin embargo, el estudio PLASMA no fue diseñado para evaluar la eficacia del procedimiento, sino su seguridad. Y de acuerdo con los resultados, las transfusiones de plasma de individuos jóvenes en pacientes con alzhéimer son totalmente seguras. De hecho, el único efecto adverso asociado al tratamiento fue la presencia de un picor tildado como ‘excesivo’. Un efecto que, sin embargo, resultan ciertamente común en las transfusiones de cualquier producto sanguíneo. Como indica Sharon Sha, «el resultado no fue para nada inesperado, dado que las transfusiones de plasma sanguíneo se llevan utilizando desde hace mucho tiempo en un gran número de indicaciones y son consideradas extremadamente seguras». Asimismo, los resultados también mostraron que las transfusiones no tuvieron ningún efecto sobre el estado de ánimo o la capacidad de memorización de los participantes. Algo que tampoco sorprendió a los autores. Como refiere la directora de la investigación, «este tipo de cambios son típicamente observados solo en ensayos clínicos cuya duración excede de un año. Por tanto, esta ausencia de efecto no era inesperada». Pero la gran sorpresa llegó cuando se analizaron los resultados de las pruebas para evaluar la capacidad funcional de los pacientes. Y es que a pesar del reducido número de participantes, se observó una mejoría estadísticamente significativa en dos de los tres parámetros evaluados. Como reconoce Sharon Sha, «la verdad es que nos sorprendió a todos. El estudio no estaba concebido para que mostrara eficacia». Tomar con precaución En definitiva, la transfusión de plasma de individuos jóvenes en pacientes con enfermedad de Alzheimer es totalmente segura. Y lo que es más importante, es posible que también sea eficaz para mejorar la autonomía de los afectados. Una posibilidad que, sin embargo, debe ser confirmada en ensayos clínicos con un número mucho mayor de participantes. Es decir, aún habrá que esperar. Como apunta Sharon Sha, «nuestro entusiasmo a propósito de estos resultados debe ser atenuado por el hecho de que han sido alcanzados en un estudio pequeño. Pero estos resultados merecen sin ninguna duda ser estudiados más a fondo. Así, se requiere la puesta en marcha de ensayos clínicos con una muestra más grande de participantes antes de que podamos extraer unas conclusiones sobre la eficacia del procedimiento». En este contexto, como concluye Tony Wyss-Coray, director del estudio publicado en 2014, «es emocionante ver que la administración repetida de transfusiones de plasma a personas mayores con alzhéimer es segura, por lo que podemos poner en marcha estudios más grandes. Sin embargo, soy realista, pues sabemos que si bien es muy fácil curar enfermedades en animales pequeños, resulta millones de veces más difícil en los seres humanos».
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En el año 2014, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU.) publicaron un estudio que mostró que las transfusiones de sangre procedente de ratones jóvenes podían rejuvenecer el tejido cerebral y las funciones cognitivas de ratones añosos. Un ‘efecto vampírico’ que sugiere que, cuando menos parcialmente, el deterioro provocado por el envejecimiento en el cerebro podría ser reversible. Tal es así que cada vez son más numerosos los científicos que plantean la posibilidad de que las trasfusiones de plasma –esto es, el líquido de la sangre una vez desprovisto de los glóbulos rojos y blancos– de individuos jóvenes podrían tener la clave para curar la enfermedad de Alzheimer. Pero lo primero que hay que saber es: ¿estas transfusiones son seguras? Pues según un nuevo estudio llevado a cabo por un segundo grupo de investigadores de la misma Facultad, sí. Pero aún hay más. Parece que además de seguro, el procedimiento podría ser también eficaz. Y es que los pacientes que recibieron el plasma ‘joven’ experimentaron una mejora de algunas de sus capacidades funcionales. Como explica Sharon Sha, directora de esta investigación presentada en el marco de la X Conferencia Anual sobre Ensayos Clínicos en la Enfermedad de Alzheimer (CTAD) celebrada este fin de semana en Boston (EE.UU.),«de forma sorprendente, los resultados muestran indicios de mejora de la capacidad funcional en los pacientes receptores de las transfusiones de sangre. Es el caso de la capacidad para realizar tareas básicas esenciales para disfrutar de una vida diaria independiente, como recordar la toma de medicamentos, pagar las facturas y preparar sus propias comidas». Mejora de la autonomía Para llevar a cabo el estudio, bautizado con el nombre de ‘PLASMA’ –siglas en lengua inglesa de ‘Plasma para el Alivio de los Síntomas del Alzheimer’–, los autores contaron con la participación de 18 pacientes con alzhéimer leve-moderado a los que se les administró plasma obtenido de donantes con edades entre los 18 y 30 años o una solución salina –el consabido ‘placebo’. Concretamente, el estudio contempló dos fases: una primera en la que la mitad de participantes recibió transfusiones de plasma joven durante cuatro semanas y la otra mitad fue tratada con placebo. Y una segunda fase en la que, transcurrido mes y medio desde el final de la primera –un periodo de ‘aclaramiento’ para disipar los efectos del tratamiento–, se cambiaron las tornas. Los que recibieron el plasma ahora fueron tratados con placebo, y viceversa. Los resultados muestran indicios de mejora en la capacidad funcional de los pacientes receptores de las transfusiones de plasma Todos los participantes completaron distintos cuestionarios para evaluar su estado de ánimo y sus capacidades funcionales y cognitivas. Sin embargo, el estudio PLASMA no fue diseñado para evaluar la eficacia del procedimiento, sino su seguridad. Y de acuerdo con los resultados, las transfusiones de plasma de individuos jóvenes en pacientes con alzhéimer son totalmente seguras. De hecho, el único efecto adverso asociado al tratamiento fue la presencia de un picor tildado como ‘excesivo’. Un efecto que, sin embargo, resultan ciertamente común en las transfusiones de cualquier producto sanguíneo. Como indica Sharon Sha, «el resultado no fue para nada inesperado, dado que las transfusiones de plasma sanguíneo se llevan utilizando desde hace mucho tiempo en un gran número de indicaciones y son consideradas extremadamente seguras». Asimismo, los resultados también mostraron que las transfusiones no tuvieron ningún efecto sobre el estado de ánimo o la capacidad de memorización de los participantes. Algo que tampoco sorprendió a los autores. Como refiere la directora de la investigación, «este tipo de cambios son típicamente observados solo en ensayos clínicos cuya duración excede de un año. Por tanto, esta ausencia de efecto no era inesperada». Pero la gran sorpresa llegó cuando se analizaron los resultados de las pruebas para evaluar la capacidad funcional de los pacientes. Y es que a pesar del reducido número de participantes, se observó una mejoría estadísticamente significativa en dos de los tres parámetros evaluados. Como reconoce Sharon Sha, «la verdad es que nos sorprendió a todos. El estudio no estaba concebido para que mostrara eficacia». Tomar con precaución En definitiva, la transfusión de plasma de individuos jóvenes en pacientes con enfermedad de Alzheimer es totalmente segura. Y lo que es más importante, es posible que también sea eficaz para mejorar la autonomía de los afectados. Una posibilidad que, sin embargo, debe ser confirmada en ensayos clínicos con un número mucho mayor de participantes. Es decir, aún habrá que esperar. Como apunta Sharon Sha, «nuestro entusiasmo a propósito de estos resultados debe ser atenuado por el hecho de que han sido alcanzados en un estudio pequeño. Pero estos resultados merecen sin ninguna duda ser estudiados más a fondo. Así, se requiere la puesta en marcha de ensayos clínicos con una muestra más grande de participantes antes de que podamos extraer unas conclusiones sobre la eficacia del procedimiento». En este contexto, como concluye Tony Wyss-Coray, director del estudio publicado en 2014, «es emocionante ver que la administración repetida de transfusiones de plasma a personas mayores con alzhéimer es segura, por lo que podemos poner en marcha estudios más grandes. Sin embargo, soy realista, pues sabemos que si bien es muy fácil curar enfermedades en animales pequeños, resulta millones de veces más difícil en los seres humanos».
 
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