Prometedores resultados para tratar la hipertensión pulmonar con un fármaco ya disponible

La hipertensión pulmonar es una enfermedad causada por un aumento en la presión arterial de los vasos sanguíneos pulmonares, lo que entre otras consecuencias provoca un aumento muy significativo del desarrollo de enfermedades cardiovasculares, caso especialmente de la insuficiencia cardiaca. El resultado es que, en caso de no seguir un tratamiento, la esperanza de vida de los pacientes es inferior a los tres años. Es más; dada la falta de aliento consecuente con la enfermedad, los afectados –más de 25 millones de personas en todo el mundo– sufren una disminución muy significativa de su capacidad de ejercicio, no pudiendo llegar ni siquiera a caminar distancias cortas. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Alberta en Edmonton (Canadá),en el que se demuestra que la administración de un fármaco denominado ‘dicloroacetato’ puede reducir la presión sanguínea en los pulmones de los pacientes con hipertensión pulmonar, mejorando así notablemente su capacidad para caminar. Y todo ello sin efectos secundarios. Como explica Evangelos Michelakis, co-director de esta investigación publicada en la revista «Science Translational Medicine», «se trata de la primera vez que un fármaco que actúa directamente sobre las mitocondrias demuestra ser efectivo en pacientes con hipertensión pulmonar». Desatascar las arterias El dicloroacetato es un fármaco con capacidad para activar las mitocondrias, esto es, lo orgánulos que procesan los nutrientes y el oxígeno para generar energía para las células y que, a su vez, controlan el ‘programa’ que impulsa a las células a inmolarse –la consabida ‘apoptosis’ o muerte celular programada–. El problema es que la inducción de la apoptosis por las mitocondrias se encuentra suprimida en la hipertensión pulmonar, lo que permite a las células que forman los vasos sanguíneos pulmonares crecer de forma incontrolada. Y como resultado de esta proliferación, las arterias, venas y capilares pulmonares se ven parcialmente ‘taponados’, dificultando así el transporte del oxígeno. Como indica Martin Wilkins, co-director de la investigación, «este crecimiento incontrolado de células se asemeja a la proliferación de las células cancerígenas, en las que la función mitocondrial también está suprimida y el dicloroacetato ha ofrecido resultados prometedores». Se trata de la primera vez que un fármaco que actúa sobre las mitocondrias demuestra ser efectivo en pacientes con hipertensión pulmonar En el estudio, los autores analizaron los pulmones extraídos a pacientes con hipertensión pulmonar sometidos a trasplante y observaron que, comparados frente a los pulmones de personas sanas, tenían una mayor concentración de la enzima mitocondrial ‘piruvato deshidrogenasa kinasa’ (PDK). Un aspecto importante dado que esta PDK es la diana sobre la que actúa el dicloroacetato. De hecho, la administración del fármaco inhibió la enzima y mejoró la función mitocondrial en estos pulmones ‘desechados’. En segundo lugar, los autores recurrieron a pruebas de imágenes –tomografía por emisión de positrones (PET)– para medir el efecto del dicloroacetato sobre la presión arterial pulmonar de pacientes con la enfermedad. Y de acuerdo con los resultados, el fármaco mejoró el metabolismo pulmonar, siendo la causa para ello el incremento de la función de las mitocondrias en los pulmones. Condicionamiento genético Sin embargo, el dicloroacetato no fue eficaz en todos los pacientes. Es cierto que ninguno de los participantes experimentó un empeoramiento de la enfermedad. Pero también es verdad que otros, simplemente, no respondieron al tratamiento. La razón, según los hallazgos, se explica por la presencia de dos variantes en genes cuya expresión, si bien independiente de la enzima PDK, conlleva una supresión de la actividad mitocondrial. El resulta es que el fármaco, lógicamente, no funciona. Como destaca Martin Wilkins, «este es un gran ejemplo de la denominada ‘medicina de precisión’, en la que los genes de los pacientes pueden ser utilizados para predecir la efectividad de un fármaco sobre una persona concreta». Sea como fuere, y si bien no en todos los casos, el dicloroacetato se presenta como un fármaco muy prometedor para el tratamiento sintomático de la hipertensión pulmonar. Y a ello se aúna, como concluye Evangelos Michelakis, «otro aspecto importante de este estudio es que el dicloroacetato es un fármaco genérico, lo que implica que si las investigaciones futuras confirman nuestros resultados y muestran un beneficio definitivo del empleo de este medicamento en la hipertensión pulmonar, entonces contaremos con un tratamiento ya disponible y barato».
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La hipertensión pulmonar es una enfermedad causada por un aumento en la presión arterial de los vasos sanguíneos pulmonares, lo que entre otras consecuencias provoca un aumento muy significativo del desarrollo de enfermedades cardiovasculares, caso especialmente de la insuficiencia cardiaca. El resultado es que, en caso de no seguir un tratamiento, la esperanza de vida de los pacientes es inferior a los tres años. Es más; dada la falta de aliento consecuente con la enfermedad, los afectados –más de 25 millones de personas en todo el mundo– sufren una disminución muy significativa de su capacidad de ejercicio, no pudiendo llegar ni siquiera a caminar distancias cortas. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Alberta en Edmonton (Canadá),en el que se demuestra que la administración de un fármaco denominado ‘dicloroacetato’ puede reducir la presión sanguínea en los pulmones de los pacientes con hipertensión pulmonar, mejorando así notablemente su capacidad para caminar. Y todo ello sin efectos secundarios. Como explica Evangelos Michelakis, co-director de esta investigación publicada en la revista «Science Translational Medicine», «se trata de la primera vez que un fármaco que actúa directamente sobre las mitocondrias demuestra ser efectivo en pacientes con hipertensión pulmonar». Desatascar las arterias El dicloroacetato es un fármaco con capacidad para activar las mitocondrias, esto es, lo orgánulos que procesan los nutrientes y el oxígeno para generar energía para las células y que, a su vez, controlan el ‘programa’ que impulsa a las células a inmolarse –la consabida ‘apoptosis’ o muerte celular programada–. El problema es que la inducción de la apoptosis por las mitocondrias se encuentra suprimida en la hipertensión pulmonar, lo que permite a las células que forman los vasos sanguíneos pulmonares crecer de forma incontrolada. Y como resultado de esta proliferación, las arterias, venas y capilares pulmonares se ven parcialmente ‘taponados’, dificultando así el transporte del oxígeno. Como indica Martin Wilkins, co-director de la investigación, «este crecimiento incontrolado de células se asemeja a la proliferación de las células cancerígenas, en las que la función mitocondrial también está suprimida y el dicloroacetato ha ofrecido resultados prometedores». Se trata de la primera vez que un fármaco que actúa sobre las mitocondrias demuestra ser efectivo en pacientes con hipertensión pulmonar En el estudio, los autores analizaron los pulmones extraídos a pacientes con hipertensión pulmonar sometidos a trasplante y observaron que, comparados frente a los pulmones de personas sanas, tenían una mayor concentración de la enzima mitocondrial ‘piruvato deshidrogenasa kinasa’ (PDK). Un aspecto importante dado que esta PDK es la diana sobre la que actúa el dicloroacetato. De hecho, la administración del fármaco inhibió la enzima y mejoró la función mitocondrial en estos pulmones ‘desechados’. En segundo lugar, los autores recurrieron a pruebas de imágenes –tomografía por emisión de positrones (PET)– para medir el efecto del dicloroacetato sobre la presión arterial pulmonar de pacientes con la enfermedad. Y de acuerdo con los resultados, el fármaco mejoró el metabolismo pulmonar, siendo la causa para ello el incremento de la función de las mitocondrias en los pulmones. Condicionamiento genético Sin embargo, el dicloroacetato no fue eficaz en todos los pacientes. Es cierto que ninguno de los participantes experimentó un empeoramiento de la enfermedad. Pero también es verdad que otros, simplemente, no respondieron al tratamiento. La razón, según los hallazgos, se explica por la presencia de dos variantes en genes cuya expresión, si bien independiente de la enzima PDK, conlleva una supresión de la actividad mitocondrial. El resulta es que el fármaco, lógicamente, no funciona. Como destaca Martin Wilkins, «este es un gran ejemplo de la denominada ‘medicina de precisión’, en la que los genes de los pacientes pueden ser utilizados para predecir la efectividad de un fármaco sobre una persona concreta». Sea como fuere, y si bien no en todos los casos, el dicloroacetato se presenta como un fármaco muy prometedor para el tratamiento sintomático de la hipertensión pulmonar. Y a ello se aúna, como concluye Evangelos Michelakis, «otro aspecto importante de este estudio es que el dicloroacetato es un fármaco genérico, lo que implica que si las investigaciones futuras confirman nuestros resultados y muestran un beneficio definitivo del empleo de este medicamento en la hipertensión pulmonar, entonces contaremos con un tratamiento ya disponible y barato».